Sentirse como un niño chico cuando estás con ella. Que nada más te importe, tan solo verla reir. Jugar a hacerle cosquillas hasta que se quede sin aire, y cuando te pida “crucis” dejarla que se tire en la cama y contemplar su respiración agitada y el compás de su pecho hasta que vuelve a su ritmo normal. Darle un beso y que su respiración vuelva a agitarse, pero esta vez no lo hace sola, la acompaña la tuya. Mirarla a los ojos y reir. La quieres, estás seguro de ello.
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